Una carta inesperada

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Ayer nos encontramos en el buzón de nuestro blog una inesperada carta. Seguramente, quien la depositó quería que se la hiciésemos llegar a su destinataria. Así lo hacemos, con el deseo de que Dª Rosalía pueda leerla allá donde se encuentre. La carta dice así:

Madrid, 25 de febrero del año del Señor

 

Querida Rosalía:

            Deseo que te encuentres mejor de salud y más animada en tu Galicia natal. Yo bien, gracias a Dios. Sigo en Madrid, donde hoy hace uno de esos días que los castellanos, que según tú somos austeros y secos, llamamos “de perros” y he pensado que merecía la pena quedarse en casa al calor del brasero y al calor también de un chocolate caliente. No tengo que recordarte que no soy golosa, pero esta tarde me siento especialmente caprichosa. Dicen que los duelos con pan son menos y es, quizás, por eso por lo que he hecho un buen acopio de provisiones como si pensara que mi desdicha no tuviera fin. Como sabes, hace un tiempo que mi relación amorosa va haciendo aguas y mi casa está poseída por la tristeza; quiero pensar de forma ilusoria que la distancia que en otro tiempo nos sirvió para imaginar encuentros inesperados, se hará corta próximamente. Hoy es una losa que nos pesa a los dos y ¡de qué manera! De vez en cuando, me dice, manteniendo la distancia, que está muy ocupado y que no tiene tiempo para nada. De vez en cuando, cada vez más de tarde en tarde, me llegan unas flores. Te confieso que he tirado unas cuantas, ya conoces mis impulsos de ira. En tantas noches de ausencia he pensado mucho y créeme si te digo que ahora os entiendo a los poetas cuando habláis de soledad, de angustia, de melancolía, de frustración… Estoy releyendo algunos de tus versos, me gustan especialmente los de Cantares galegos. Mi consigna de esta tarde son los que dicen:

Que los amores huyeron

y vinieron soledades…

De pena me consumieron.

Me acuerdo también de los versos del poeta sevillano del que me hablaste y tengo la certeza de que pronto os sentiréis leídos por quienes tienen la sensibilidad a flor de piel. Os admiro a los poetas que convertís vuestros sentimientos en una seña de identidad común para los caminantes sin camino, como yo.

¿Qué tal está tu familia? ¿Tu marido, hijos…? Da un saludo a todos de mi parte, un beso a la pequeña Aura que con sus travesuras hará que sonrías y olvides un poco tu pesar. Seguro que tu médico para quien cariñosamente eres su “eterna enferma” te cuida mucho y te mima. Espero comprobar tus progresos en Semana Santa que iré a Santiago a pasar tres o cuatro días con vosotros.

Hasta entonces, querida amiga, me queda tu palabra hecha verso. Ahora siento paz y puedo leer como si estuviera En las orillas del Sar, cuando dices:

Ya duermen en su tumba las pasiones

el sueño de la nada;

 

Cuídate mucho. Recibe un fuerte abrazo de tu amiga,

María

 

P.S. Recuerda que me encanta el caldo gallego, los grelos y el lacón.

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