“Frankenstein”, una historia que pocos han leído y que todos hemos visto alguna vez

franki4Mary W. Shelley escribió Frankenstein cuando tenía veinte años. Era su primera novela y al mismo tiempo que la escribía empezaba a reponerse de la muerte de su madre, cambiaba varias veces de país y de residencia, criaba a su segundo hijo y daba a luz a un tercero. Todos la consideraban la musa de su marido, el poeta más romántico de su generación, Percy B. Shelley. Él se encargó de la publicación de Frankenstein, y lo hizo ocultando el nombre de su autora. Pocos podían imaginar que aquella novela adolescente se convertiría en un éxito, y menos aún en un mito contemporáneo.

Frankenstein se publicó en 1818 y ya en 1823 Mary Shelley asistió a la primera versión teatral de su novela. Desde entonces, las versiones de todo tipo no han dejado de sucederse y hoy en día existen más de cien películas realizadas a su costa.

Casi a la vez, el monstruo creado por el doctor Victor Frankenstein comenzó a adueñarse del nombre de su creador, y de la propia Mary Shelley. Mientras su criatura se hacía cada vez más popular, su autora iba disolviéndose y la novela dejó de leerse, porque todo el mundo creía conocerla. De ahí que rescatemos hoy este “gran momento” de la literatura europea.ll

Y ese momento tiene su comienzo en una noche lluviosa de 1816: en una finca situada junto al lago Lemán, en Suiza, fue creado el monstruo de Frankenstein. Aquella noche, Lord Byron, Polidori, el poeta Shelley y su mujer Mary se propusieron escribir historias de fantasmas. Cada uno comenzó la suya, pero solo Mary Shelley llegó hasta el final, tenía 18 años cuando comenzó a escribirla.

 “Yo, Victor Frankenstein, barón de Frankenstein, nacido en Nápoles hace treinta y ocho años, hijo del segundo matrimonio de mi padre, comienzo a escribir mi testamento, mi última carta al mundo, y por la que humildemente espero que se me perdone, que se conceda el perdón al que un día fue el doctor Frankenstein…”

Aunque popularmente la novela se conoce como Frankenstein, su título completo Frankenstein o El moderno Prometeo ilustra mejor lo que Mary Shelley nos quiso transmitir. En la mitología y en las religiones existen numerosos ejemplos del castigo a los humanos por querer acceder al conocimiento divino, en concreto, el Titán Prometeo fue castigado por robar el fuego a los dioses y entregárselo a los hombres. De la misma forma, el doctor Frankenstein, obsesionado por crear vida artificialmente, comienza a tomar trozos de cadáveres de los cementerios para crear un cuerpo al que insufla vida y del que luego se desentiende. El castigo del doctor Frankenstein es el de un mortal que se atreve a emular a dios creando vida por unos procedimientos antinaturales.

“-¿Eres tú, Lis? No, mi vida está tan lejos… ¿Quién anda por ahí? ¿No me contesta nadie?
– Soy yo, tu criatura, Frankenstein. ¿Quién soy? Dímelo tú.
-¡No puede ser esto! ¡Estoy borracho! ¡Tú no puedes ser así! ¡No, no te acerques, no!”

descargaPero, donde reside realmente el conflicto es en que el doctor, horrorizado ante la fealdad de la criatura que ha creado, se desentiende de ella y deja esa vida a su arbitrio. Abandona a un ser completamente desvalido y amoral, aunque inicialmente bueno, al que no se le ha inculcado ningún tipo de educación, ni de valores. En el contexto histórico en el que se sitúa Frankenstein, donde los experimentos científicos comenzaban a tener un enorme desarrollo, la novela plantea el uso irresponsable de la ciencia. En realidad, no es la creación del monstruo lo que se cuestiona, sino la incapacidad para hacerse cargo de lo que se ha creado, para sentir al otro como a uno mismo.

 “-Un criminal, eso soy yo. He creado un monstruo y no sé ni dónde está. Sé que él ha matado a esa pobre niña, y quizá no sea la única. ¿Qué es lo que he hecho? …”

 “-Contempla tu obra, doctor Frankenstein. ¿Era esta la belleza que querías conseguir en tu muñeco, en tu ser perfecto? ¿Era este engendro? ¡Inconcebible!  ¡Era la fealdad de Satán la que querías para mí, para tu hijo! ¡Estás temblando de miedo! ¡Sí, soy tu hijo, tu hijo!

Existe otro aspecto de la novela que conviene no perder de vista: la criatura se siente rechazada por su aspecto, no por sus sentimientos. Ello nos lleva a plantearnos la forma en la que los cuerpos no normativos están cada vez más estigmatizados y el rechazo hacia las personas que no se ajustan a los cánones que la sociedad ha señalado como adecuado: lo feo, lo bonito, lo agradable, lo desagradable son percepciones culturales.

 “-Creedme, Frankenstein: yo era bueno; mi espíritu estaba lleno de amor y humanidad, pero estoy solo, horriblemente solo. Vos, mi creador, me odiáis…”

Frankenstein se ha considerado la primera novela de ciencia-ficción y la última gótica. Existe otra novela gótica, Drácula, de Bram Stoker, que comparte algunas características míticas y ha vivido un destino parecido. La diferencia más importante es que Drácula (al igual que otros mitos modernos como Superman o Tarzán) es una reelaboración de antiguas leyendas o relatos, mientras que Frankenstein es original y moderno. Por todo ello reivindicamos aquí su lectura.

(Fuentes: Mary Shelley, Frankenstein o El moderno Prometeo, edición de Isabel Burdiel, Madrid, Cátedra, Letras Universales,2005.   /   Programa de RNE “Jardines en el bolsillo, 21-06-2015)

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